03 noviembre, 2012

El siguiente minuto, desconecta.







 
 

Me esperó en una de esas tardes de mi inconsciencia
esas que suelen reclamarme eterna compañía.

Demasiadas conversaciones abiertas a su presencia
y grandes miradas que esquivar quería.

Me acompañó con su calma hasta la noche invisible
en la que, por fin, solo yo quedaba.

Demasiadas capas sobre una silla invencible
amontonadas, ¡que ya todo me sobraba!.

Me abrazó inmenso con su cuerpo
y frenó cualquier posibilidad de exceso.

Demasiadas condenas acumuladas, es cierto,
intenté traspasarlas con el primer beso.

Me silenció todos los dioses imaginarios
y me templó tocando el piano en línea .

Demasiado amor para lugares solitarios.
Y el siguiente minuto, desconecta.






 

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