25 enero, 2013

El apocalipsis que llegó con la niebla


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Se levantaba todos los días con las noticias de la radio, como un autómata frio y también oxidado. Establecía un diálogo equilibrado entre pausa y pausa con aquellas voces enlatadas que nada nuevo contaban. De la cocina al baño, con la radio en su mano, sin cambiar su ritual ni con pasta de dientes su la boca; nada alteraba su ritmo matinal.

“Y ahora cambiamos de tema por unos breves minutos para hacernos eco de la noticia profética que nos ha ido acompañando durante todo el año: el fin del mundo según los Mayas. Como hoy es doce de diciembre del año 2012, decirles primero que cabalísticamente es un día místico, en el que se combinan las fuerzas del 1 y el 2 que forman el 3, y sus poderes pueden ser aplicados a todos los conceptos que tratan sobre la extensión, expansión y elevación; por ejemplo es el aniversario del nacimiento de personajes como Frank Sinatra, ¿quién no ha oído sus canciones?”

–Todas estas revelaciones del fin del mundo me han importado siempre tres pepinos, ¡vaya mierda de tontería!, por mi, como si estalla esto mañana mismo porque como aquí no hay quien viva, poco se perderá. No me dejaréis en paz ni en el día de mi cumpleaños, ¡qué pesadez de profecía de los cojones!– decía mirándose al espejo mientras sonaba New York.

“Los historiadores nos advierten de que los mayas utilizaban un sistema matemático vigesimal, su calendario no tenía el mismo concepto de meses y años que nosotros tenemos, pero por otro lado tenían un amplio conocimiento del cosmos y la naturaleza estableciendo con gran exactitud que el sol se alinearía con el centro de la galaxia lo que solo sucede cada 25.000 años.”

–Mejor sería que se dedicaran a estudiar el dolor de estómago– decía mientras tiraba el café del desayuno por la pila.

Al salir de su edificio camino del trabajo un intenso frío le golpeó la cara, sentía como si miles de cristales chocasen contra la piel que empezó a contraerse formando todas las arrugas posibles; Su nariz se congestionó tan rápidamente que tuvo que respirar por la boca dejando entrar la niebla hasta sus pulmones y aceleró su paso intentando producir más energía interior para entrar en calor.

Sin la compañía de la radio las palabras imaginarias se acumulaban en su cabeza y sentía la desprotección de lo cotidiano. Sintió miedo. Miedo del silencio de la niebla, de la ceguera de la niebla. Intentando olvidar su presente se esforzó en recordar las noticias del día que acababa de escuchar pero le parecían ahora un pasado irreal, tan repetido que se sintió engañado y ni siquiera sabía desde cuándo.

–Quitar el velo, apocalipsis, eucalipto– empezó a decir en voz alta. –Desnudarse, sueño, realidad– seguía hablando y caminando con más aceleración, sin poder respirar. –Ver la luz, quitar el velo de la niebla, vivir, tener valor– ya estaba gritando. Puso su mano en el estómago porque necesitaba eructar pero no podía y mientras tanto, goterones de mucosidad colgaban de su nariz y de sus ojos. Encorvado como un huraño llegó a la esquina donde se topó con una adolescente, que llevaba una bufanda a rayas amarillas y negras, que perdió los libros y los papeles al tiempo que un grito atronador atravesó la espesa niebla hasta el mismo sol alineado con la galaxia. Y entonces dijo tumbado en el húmedo suelo: “tener miedo, morir, maya”
 
 
 
Gracias a carlos Niederheitmann  http://il-trillo.blogspot.com.es/  por su capacidad para resumir en un comentario lo mucho que sabe.

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