27 enero, 2013

Reencarnación

 
 
 
La Quercia Incantata



Un día, no recuerdo ya cuándo, escuché esta frase: "Me gustaría reencarnarme en mis nietos para vivir más tiempo con mis hijos". ¡Cómo me conmovió! 

Con el paso del tiempo y todo lo que nos roba, me he visto en la obligación de replanteármelo todo. Y no podía ser de otra manera: Yo no creo en nada.

Más allá de mi propia mirada intenté averiguar las razones de algunos pensamientos. Hablo de esos miedos que nos atrapan tanto, que no nos dejan ni vivir. Miedos y pensamientos, opiniones y razones que no son nuestras, que ni siquiera tuvimos la originalidad de pensarlos. Han sido impuestos en nuestra desconsolada razón gota a gota, polvo a polvo, sencillamente, sin más. 

¡Claro!, siempre habrá quien tenga la excusa de la reencarnación para atacar a quien considere un peligro para su ego. Un alguien que basándose en culturas ancestrales niegue la razón de la razón. Por ejemplo: pensar que yo fui una mala, malísima, terrorífica persona, en una reencarnación pasada, allá a lo lejos, por los siglos de los siglos... y por eso debo pagar ahora. 

–¿Pero qué me estas contando? ¿Qué dices?

–Si, si, si, tu castigo es ahora ¡Te jodes!

¡Claro!, siempre habrá quien diga: "La energía no se crea ni se destruye, se transforma" Pero como estamos a millones de años de luz, de saber ¿en qué se transforma?, yo no me lo planteo más, ¿para qué?

Prefiero pensar en lo que hay por aquí y por allá. Prefiero pelear mi vida ahora y pedir los perdones que hagan falta ahora, y amar a quien se lo merezca ahora, y continuar con todos los ahora que nunca se me acabarán. 

Quizás la verdadera cuestión a plantearse sea ¿por qué los que tienen miedo a vivir se aprovechan tanto de los que tienen miedo a morir? Esta es la pregunta. Esta es la respuesta.

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