23 febrero, 2013

La Foto

 
 
 





Paparachi seguía despejando su habitación. La idea era que no podía verse en la fotografía ningún elemento susceptible de ser asociado con el concepto de "Mercado". Había amontonado bajo su cama todo, hasta la lámpara de su mesilla. Enfrente, apoyada sobre los libros de clase, la cámara con la que los cinco adolescentes se retratarían.

   Jefecillo, su hermano mayor, esperaba plácidamente sentado en la curva del Chaise Longue a que todos terminaran de hacer sus encargos. Los wassap entraban y salían de su teléfono con mucha más rapidez que los anuncios publicitarios de la embaucadora televisión.

   Filósofo y Duda, amigos desde que se conocieron en un parque en el que Duda le impidió comerse la arena sobre la que jugaban, entraban a un bazar chino. Saludaron cortésmente. El viejo de la puerta parecía discutir con una mujer de edad indefinida, la única que respondió al saludo. Duda se distraía con las velas mientras Filósofo buscaba entre los utensilios de cocina los chinos que necesitaban para la foto, pero con tantos objetos de colores apelotonados no veía nada.

– ¡Mira! Duu, ¡aquí me vuelvo loco!
–Voy a preguntarles, –le contestó ella–. Perdona, ¿tenéis chinos? –dijo poniéndose colorada.
– ¿Chinos? ¿Jugal chinos?.
–¡No! –sonrió aliviada–.  Un colador chino.
–Coladol allí, la delecha, ¡tu buscas!
–Pero es un colador con forma de embudo –intentaba explicarse dejando un espacio triangular entre sus manos.
–Si, embudo también, allí, la delecha, ¡tu buscas!

Cuando Duda volvió con su amigo, lo encontró con 4 chinos de diferentes tamaños. 

–¡Es lo que hay! tendremos que improvisar.
–Pero Fii, esos pequeños no nos valen, ¡Jef se va a cabrear! ¡Yo busco!.
–Sabes que conmigo no puede. No te preocupes, no se enfadará.


Otra amiga, Seguidora, esperaba en el porche de su casa la llegada de Filósofo y Duda, wasapeando con Jefecillo. Su encargo, aparentemente el más complicado, había resultado sencillo. La hija de una conocida de su madre, llamada Siniestra, le había conseguido una sábana negra con la que podrían tapar la pared.

–¿La tienes, Seguii? –Preguntó Filósofo desconfiando.
–Sí, he tenido que engañarla como a los chinos!

   En casa de los hermanos, los cinco jóvenes miraban el decorado que habían preparado para hacer la foto. La pared se veía negra a través de la cámara Se sentarían sobre la cama sujetando una larga pancarta que taparía sus piernas con el pensamiento escrito con colores a modo de pintada que había ideado Filósofo.

   Las chicas ya estaban sentadas en su lugar, mientras Paparazzi encuadraba con su cámara y la colocaba sobre una torre de libros. Todo debía estar preparado para darle al botón de "automático”. Filósofo sonreía mirando los ojos preocupados de Duda y Jefecillo había encontrado un chino de latón en su cocina, de lo más brillante.

–Este para mí –dijo–. ¡A desnudarse todos!
–De eso nada, tío. Las chicas no van a enseñar las tetas. –Contestó Filósofo–. La idea que queremos trasmitir es seria y sacó una bolsa de su mochila.
–¿Qué puede haber más serio que unas buenas peras? –añadió Paparazzi sentándose entre las chicas y quitándose la camiseta.
–Ya lo hemos hablado Fii, lo que vende es el sexo. Tendremos más seguidores y más patrocinadores. ¡Pero si están muy buenas!
–Que no. Somos iguales, somos un grupo Jef. Tenemos algo que trasmitir, nuestras ideas van en contra de la manipulación de esta sociedad que no nos entiende. ¡Que no nos desnudamos, coño!  Además, me he gastado una pasta en estas camisetas negras para todos. Y sacándolas de la bolsa, fue tirando una  a cada uno, excepto a Duda que seguía sentada sin hablar. –Toma Duu, te he dejado la más grande, –sonriéndola. Siempre estaré en deuda contigo por salvarme la vida.
–¡Colocaos ya! ¡Coño! –dijo Paparachi– ¡Pegaos un poco más! y dejarme a mí el chino más grande porque no voy a tener tiempo.¿Qué cojones hacéis?

   Cada uno ellos se había puesto el colador en la cabeza, tal cual se les había ocurrido. El mango del de Filósofo había chocado con el de Duda que era el más pequeño y que se caía con un soplido. Seguidora se lo había puesto con el mango para adelante, a modo de cuerno. Y el de Jefecillo era tan grande que se le quedaba torcido.

–Ya sabemos que se van a descojonar de nosotros –todos estaban muertos de risa–. Pero mi foto tiene que quedar bien, ¡todos los mangos para atrás! y quietos ya. Vosotros dos sujetad la pancarta y yo me pongo a tu lado Fii, ¡déjame hueco! ¿Preparados?  ¡No os riais!

Mas tarde, todos estaban expectantes mientras Paparachi descargaba la foto en el ordenador. Se sintieron orgullosos al verla. En la pancarta se podía leer con claridad: “Chi le ma? Somos los Pastafarianos del Chino, la nueva escisión de los del colador. Reivindicamos los Guangdong porque nos gustan más”.




 
 

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