15 junio, 2013

Erótika

 
 
 
 
 
 


Tu regalo es literatura
y un dulce para mis oídos
fuerza la palabra escondida
en el laberinto de mi sangre
me revoluciona el placer
que supone no pensarlo
y al final,
te sueño en mi nido. 

Que no te sorprendas por nada
será mi privilegio.

Me dejarías entonces cubrirte la espalda
¿allá donde la luna se asoma a los poemas?

Mi piel sería tu sábana
con un brazo en tu cintura
y el otro en tu garganta
me perdería en tu cuello

despacio

y si un escalofrío
te recorriese

sentirlo fuerte
en mis extremos
llenos.

Me dejarías entonces tocarte los labios
¿allá donde las manos se vuelven locas?

No me negarías las sorpresa
de ver tu boca entreabierta
si entre tus piernas me parase
con la locura que se acerca.

¡No hables, corazón!

¡Déjame un rato!

porque si el mar
aguantase
en su calma

me gustaría antes
fundirme
en la nieve blanca

convertirla en agua
navegar por ella

con el bergantín
izando las velas

¡que vendrá!

el viento

volando.



Y si alguno de los dos pierde el sentido (o los auriculares...) ¡que la calma nos acompañe!





 

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