07 septiembre, 2013

El reloj de la estación (II)









En la estación que aman los grillos
un verano canta incansable de noche
pasa el tren con amores acariciados
el mismo de los ciegos soñadores.

Risas perdidas por el oeste
y botellas abandonadas
sin mensajes románticos
sombras indiscretas entre luces
y no hay refugio ni aire
solo un aroma imperdonable. 

Ser el mendigo de una ciudad desfallecida
alejarse de ausencias y de compañías
reencontrarse con la vida al pasar
pasar la soledad
pasar la legaña
pasar la mochila
y tu espalda
y la más dulce barba de una noche perdida.
Es verano en  la estación de las sobras.




 

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