02 marzo, 2014

"Nieblados"











 A veces la poesía se nos viene tan triste que se convierte en una niebla dentro de esta casa que creemos habitar. La niebla, por mucho que nos parezca un meteoro romanticón y tántrico, no es más que un fantasma invasor, con ausencia de madrugadas. Es un fantasma sin colores. Una tragedia estratégica que se cuela por las rendijas de lo que encuentra y reza escapularios sin final.

 Cuando la poesía está ahí, en ese demoledor espacio, absoluto y ausente, lacrimal e impotente, los huesos duelen tanto que olvidamos el verbo gritar y  surgen entonces los poemas "nieblados". Esos que son como espirales mojadas. Esos que llevan la cabeza agachada. Esos de los cristales amartillados. Esos... apenados.



Es nieblado el  poema
que nuestra voz anuda
es nieblado y caradura
es la pluma de la pena.
 

 

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