26 abril, 2014

El reloj de la estación (IV)


 
 
 

Es la estación encapotada
abre la puerta a la humedad
el frío nos cruza la cara
que no le hablen de soledad
es la estación oscura
y la duda si engaña el sol.
 
Nueva York cuando la nieve
y un estado mental.
 
Eterna noche
un reloj.
 
Fue invierno benévolo
soslayado
caramelo
dulce
y esa voz.
 
Nadie quiso quedarse del lado del perdedor
del que no mira un reloj
pues se sienta en su regazo
 
ni la edad siempre inocencia
ni la cumbre donde el sol se asienta

¡refúgiame el tiempo que puedas!
antes de escaparte en un temblor
de haces de luz fascinantes
inasible cencellada

el tren
y el vapor.

 

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