18 mayo, 2014

Mi perro es un vagabundo que no anda por el mundo

 
 
 
 
Antanas Sutkus





Una tarde descubrí que la poesía se vive
en tiempo presente
y decir se vive
es decir se siente.

La poesía es una ley no escrita
carente de normas
y decir carente
es decir se siente.

Lo recuerdo muy bien
fue una tarde de primavera
como esas en las que
ni el frío ni el calor
una tarde ausente en la espera

aire autómata
respiración autómata
y autómata es siempre la ceguera.

Un Jack Kerouac cerrado sobre la esquina de la mesa
puede que aún quedasen pensamientos de colores
en un jardín
pero desde entonces prefiero la sutileza de las violas
porque esa carita que ponen cuando bailan burlonas
me recuerda más a ti.

Aquella tarde me dejaste
un ancla con el presente
con tu voz valiente
dentro de un hilo de metal
y cobarde

y se fue
y hasta la luz se fue.

¡Que no se equivoque nadie!
la poesía no va de amores
el poema va de /amor/

el de las mayúsculas perpetuas
el de la incomparable sumisión
el del presente continuo

que te estoy queriendo todavía
que me sigues matando sin ton ni son.

Descubrí que la poesía se vive
dentro de un presente
que no se puede compartir
si no es con un poema
y otro poema
y otro más

llámalo como puedas
o como quieras
llámalo hambre quizás
da igual el nombre

y esto sí es una ley de leyes
convertida en el teorema
de un ahora sin fin.

Apuntaba maneras el día que escribí:

"Mi perro es un vagabundo
que no anda por el mundo"

y a mi alrededor las risas desencajadas
como las de los pensamientos de colores
–¡no, es que se ha muerto mi perro!–  intentaba explicar
y a mi alrededor ausencia de vacío
porque el vacío estaba en mí
en un poema
atemporal/doliente/hermoso/vital/visceral/latente... y puede que hasta una mierda también.

Todavía sigue Kerouac en la esquina de la mesa
forma parte del insustituible decorado que me rodea
me recuerda mi nombre, o el tuyo, o el del perro

y paciente
me espera.



 

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