24 junio, 2014

Ascensión



 










No recordaba si sueño
ni tampoco si dormía.
Solo retazos, parpadeos solo,
quizás parte de mi antigua vida
si acaso alguna vez
si la memoria confundida

no recordaba si sueño
ni tampoco si vivía.

El olvido es siempre así
como el hambre de más,
de mucho más que un día,
como un agujero pozo
siniestro lugar de nada

vacío y humedad
es, el olvido.

Un día se acercó una brisa
la misma que rompe
las calmas, o las ganas
o la transparencia

¡y qué más da!

vino lenta
para volverse violenta
crujieron las ramas
de lo árboles que dan vida
cantaron, silbaron las hojas
atravesando las horas
golpearon mi cara
se me abrió el alma
como se abren los poros

y una voz,

sí,

como la campana que suena
como un castañazo, más bien,
como un aldabonazo apresurado
con ese acento adecuado:

 «tú no recuerdas los sueños
porque sueñas el día»



Ahora
soy la tormenta iluminada
de una voz
galopando sobre el poder
de la nada
brazos abiertos al viento
y a una esperanza.















 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada