01 febrero, 2015

Por esto, yo tengo un blog





   Cuando empecé con el blog, allá por el 2009, escribí algunos "zapatazos" de opinión que como suele decirse: solucionar, no solucionan nada pero ¡cómo desahogan!. Me propongo ahora hacerlo con más regularidad. Editaré algunas entradas ("post" para los amigos ingleses) de opinión personal, sin ninguna otra pretensión que la de dar zapatazos. Esto me ayudará a "desengrasar", será como un sorbete en mitad de un banquete, de esos ricos y fresquitos que, en realidad, no desengrasan, pero que con tanto hielo, tanto vodka, esa sobredosis de azúcar, y las proteínas de la clara de huevo, todo lo que viene después, casi, nos deja de importar.

   Para los que gustan de pocas letras, los que dejan de leer al tercer párrafo, este es el momento de marcharse con dignidad. No me vayan ustedes a comentar una tontería sin conocimiento, basándose en el comentario del comentarista anterior, ¡por favor! Piensen que el mundo virtual es un mundo de libre opinión, de momento, (libre ¡qué hermosa palabra!). Y señores, aquí nadie obliga a nada.

   ¿Somos los humanos los seres más proclives a la adicción? Desde luego, en nuestras manos está decidir lo que hacemos cuando se nos acaba la batería de nuestros maravillosos aparatitos de última tecnología o de nuestros viejos ladrillos, en cualquier caso, nos comunican, y la comunicación siempre es buena. En mi opinión las redes sociales humanizan más; pero no olvidemos que ser más humanos no significa especialmente ser más bondadosos, amigables o solidarios. 

   Ver en una parada de autobús a la gente en fila de a uno, con el cuello inclinado, el teléfono en la mano, ese pulgar acelerado y esa sonrisita escondida (¡que nadie me vea, que me da la risa!), siempre me ha parecido mejor que verla, sin embargo, con cara de ausencia, el cuello girado en busca de lo que no llega y como tristes cuerpos mimetizados de asfalto. Lo que es igual, pero no es lo mismo.

   Es cierto que estamos asediados por megas, contra-megas, grupos, mega-grupos, aplicaciones, re-que-te-aplicaciones... Somos bombardeados por supuestas informaciones que en la mayoría de las ocasiones no son más que nuevas técnicas de venta: la venta de sensaciones. Pero si tengo que elegir, si puedo elegir, prefiero la posibilidad a la imposibilidad. Y eso es lo que son las redes sociales: posibilidades.

   Quien me conoce pensará que me ha sobrevenido una locura temporal al hacer tal afirmación. Por no tener, no tengo una tarifa de datos que me tenga conectada todas las horas del día. Ni mucho menos Whatsapp. Fue cuando despidieron a un compañero de trabajo, con un mensajito en el famoso Whatsapp, cuando tomé la solemne decisión. –¡Demonios! pensé–, si me van a despedir, al menos, que sea por carta. 

   Para mí las redes sociales, son algo más que ese "me gusta", "¿dónde vamos?", "¿qué haces?", "¿sueñan los androides con ovejas eléctricas?"... y todo lo demás. Por esto, y porque no estoy enganchada (jiji), cuando leo que hay nuevas tendencias hacia una desconexión humana digital, me quedo boquiabierta. Que unos estudiantes de Singapur estén haciéndose famosos por inventar una
app que premia por no tocar el móvil, me parece una chorrada de lo más inteligente. Como a ello le añadan algo así como quitarse una prenda en pago por la insolencia de cogerlo, se forrarán.

   Pero volviendo a la posibilidades que nos brindan las redes sociales. Es estupendo que Twitter, por ejemplo, tenga esa inmediatez para informarse, ese qué está pasando. Hay que saber filtrar de la misma manera que filtramos con cualquier otro medio, pero su velocidad es innegable. Facebook, sin embargo, es un gran tablón de anuncios, el paradigma de la publicidad; dicen que si no estás por allí no existes. Aún sigo pensando en pasearme por otros lares, por Instagram, que está arrasando con los selfies, o por un Tumblr lleno de arte o por Menéame... Aunque esta última es porque el nombre me hace reír.

   A mí me gustan los blogs y los apoyo. He leído por ahí que ya no son tendencia y que tienden a su desaparición. Opino que tendrán una evolución, de la misma manera que evoluciona la sociedad, y no importa hacia dónde lo hagan cuando el mañana está tan lejos que aparece a la vuelta de la esquina y sin avisar.

   Es verdad que hay blogs de todo tipo y se hace necesario desechar para encontrar los que se acomodan a nuestros propios intereses. Sean del tipo que sean, casi todos tienen algo de romántica exhibición, ya sea de forma personal o plural. Los blogs son ventanas de nuestras casas que abrimos para que todos nos puedan ver. Decoradas con mimo para la ocasión, añadimos imágenes, música, citas, enlaces, y nuestro sello personal: eso que queremos comunicar.

   Esta "sobreexposición" que hacemos de nosotros mismos, adquiere más sentido con los comentarios. Sin ellos, de qué nos sirve abrir la puerta de nuestras casas. El feedback (palabro), la retroalimentación (palabro también) nos son necesarios para subsistir, para seguir mirándonos en el espejo, para seguir quejándonos de nuestro bajo sueldo o seguir vendiendo nuestros servicios, para seguir denunciando injusticias, y por qué no decirlo también: para seguir haciendo amigos y enemigos.

   En un mundo en el que el individualismo se engalana de solemnidad; un individualismo que internet ha potenciado paradójicamente; un mundo en el que las conversaciones entre amigos casi han perdido la voz, se hace más importante que nunca la "letra", la palabra, la posibilidad, la imaginación. Es por esto que yo tengo un blog.
   ¿Y vosotros, por qué lo tenéis?

 

 

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