12 septiembre, 2015

A los que están por llegar





Robb Johnson - Iron Horse
Imagen de Robb Johnson - Iron Horse




Tan joven y tan viejo - Antonio García de Diego  
 
No solemos dar las gracias a los amigos. Esas gracias que deberían ser de verdad. No me refiero a las bien educadas, las de la pura cortesía, esas del pasa tú primero por favor, bueno... pues, gracias, sino las del reconocimiento sincero; cuando sabemos que alguien nos ha hecho más geniales de lo que somos. Pero hay que hacerlo. Debemos ser agradecidos. Porque un amigo, un verdadero amigo, es un espejo vivo con nombre, con complemento y con adjetivo al que hay que cuidar.  
   Gracias amigos mascotas. Gracias a los que sois como lindos cachorros que nos sacáis de la guarida a la fuerza, aunque caigan lágrimas del cielo como puñales fríos y al volver nos hacéis recordar que nuestra casa es un hogar. Gracias animalotes que nos hacéis reír con carantoñas, con mordiscos; sois los de la ironía, los del hambre. Es fácil ser agradecido con vosotros, solo hay que invitarlos a cenar.
   Gracias amigos protectores como hermanos, como padres. Los que machacáis una idea más pronto que deprisa. Los que hacéis de la meteorología un tratado de filosofía pura. Los que calláis por no provocar un nuevo dilema. Los que os ausentáis pero nunca os vais. Eternos necesitados más que nadie de unas palabras agradecidas.
   Gracias a los que sois como folios en blanco, los que nos hacéis esperar, los que nunca termináis de llegar. Agradeceros es complicado y una necesidad para los que os utilizamos. Porque nos ayudáis a perdernos entre los sueños y nos cambiáis la realidad. Y si no fuese porque desaparecéis de un modo inesperado o porque, del mismo modo, os encontramos semiescondidos con un libro entre las manos, nuestras vidas serían un vacío descuidado. 
   Y falta un último grupo por agradecer: el de los amigos que están por llegar. Muchos de ellos vienen de camino. Vienen con su historia en una bolsa de plástico y con sus familiares moqueando. Con imágenes grabadas a metralla en la piel, pero con los sueños intactos, la esperanza intacta, el valor inmenso y, en definitiva, necesitados. Necesitados de amigos mascotas, de amigos protectores, de amigos como folios en blanco, y de los que están por llegar. Gracias a vosotros seremos más humanos.





 

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