23 noviembre, 2015

Desierto






  
Siempre estuvo ese desierto
con su arena blanquecina
extenso todo de despojos
clandestina la ley de la vida

desierto y sordera enloquecida
si creía, por fin, te sabía
si en la punta del dedo
se hacía, el arte en la tormenta
se desnudaba por nadar
un desierto de polvo de piedra.

También la espuma quemaba
cada quejido acalla el gritar

al otro lado el espejismo
con nubes de hierba/buena,
un paladar de desierto
se veía loco palpitar

de cerca el agua, la maldita
fría gota amiga de amistad,
de lejos el agua, la marea
visceral que enloquece al loco.

Siempre estuvo ese desierto
rojo sueño de pupilas.

Aldebarán con sus banderas oscuras
trasnochó en ventanas de estrellas
amaneció cansado de golondrinas
cimientos del crudo imán
atados los pies de tan desatados
misterios de pasiva agresión:
amor, bondad y perdón.








 

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