25 mayo, 2016

Casi azul

Irving Penn
Irving Penn
 
 

Es difícil escribir cosas bellas si te levantas a las cinco de la mañana y te sientas… sobre las cinco de la tarde.
Vale, lo difícil no es imposible… pero cuesta bastante.
Cuando el mundo va al revés de lo que llaman… el reloj emocional, ¿quién no pondría los pies por delante?
Por delante y sobre almohadones. ¡En todo lo alto de la esfera habitual!

─ ¡Voy ahí, a los árboles! ─Dice uno de los niños que hay en un parque lleno de árboles.
Y se oyen risas. Risas de niños. Eso es bello. Y real.

Los que están cansados, rotos más bien, pierden la vergüenza, que no la dignidad.

Aclarémoslo de una vez: la dignidad es un arma, como lo es la palabra. Van juntas, mimetizadas como pupilas que se dilatan.
La vergüenza, sin embargo, viene tras la palabra “cosa”. Pero la cosa es no saber qué hay donde no duele.
Hoy he oído decir: el coso ese. ¡Eso sí que es vergonzoso!

Por lo demás, poco más. Bueno sí, que lo imposible es necesidad.
 
 
 
 
 
 

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