20 junio, 2016




No somos pocos los que formamos parte de una alucinación colectiva. No hay que mirar mucho más lejos de nuestra propia espalda para constatar que estuvo ahí. Que no nos dimos cuenta, y, esa alucinación grupal, se nos volvió de colores cuando dejamos de ser conscientes de los daños. Pero los daños estaban ahí, nunca fallan. Hay quien nos llama pájaros. Un símil muy adecuado para quien viaja por las ondas, para los del vuelo rasante, los de los trinos fuera de horario, en fin, para los de las plumas flotantes.
     Nos conocemos bien, ¡vaya que si nos conocemos! Sabemos quién duda, quién sopla, quién moja, quién zozobra, quién tiembla, quién esconde, quién insulta, y por supuesto, quién manda. Y aún así, insistimos en tirar de la manta, o de una frazada tal vez. Tiramos sin concesiones, alucinados y todo. Tiramos descontrolados como aves de un paraíso que no estuviese de paso. Estamos engañados y ninguno queremos perder. Pero a fin de cuentas… “Todos somos culpables de algo.”
 
 
 
ekin kucuk
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