11 noviembre, 2016

III



Todas las veces que te dije:
tú amas la vida,
yo
pensaba en mí.

Esa es la tragedia
de la sangre inversa
que recorre la palabra
amistad.

Todas las canciones,
hilaturas de araña
que se negaron
a marchar,
no eran más que
una lánguida aspereza
de seda
y de humedad.

Inadecuadas palabras
en el blanco equivocado:

te cambio
cincuenta y nueve segundos//por la sonrisa
te cambio

y el cuadro cambió:
de la vida al epitafio
de la osadía al adiós
del espérame que renazco
del por dios, no te mueras hoy.

El día que te dije:
pero lo peor
de la niebla es
el eco de los pasos,
también pensaba en mí

porque nunca serán lo mismo
volver y partir.



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